Cuando vivía en Reino Unido solía salir casi todos los fines de semana. Íbamos a bares de la zona. A veces también cogíamos el tren para irnos a Brighton y tomar algo por allí. Se agradecía poder ir a un bar sin que te apestaran. Allí toda la gente, TODA, salía fuera cuando querían fumar. Y normalmente la cosa iba más allá. En la zona de entrada al bar, en el suelo, solía haber una linea pintada circundando la puerta, a partir de la cual no se podía fumar, de manera que la gente se tenía que alejar un poco de la entrada para fumar. Ni que decir tiene que Reino Unido es un país donde hace frío (más que aquí) y llueve (más que aquí).

Volví a España y, como la ley antitabaco aquí no era tan restrictiva por aquella época, pues dejé de ir a bares y restaurantes donde se fumara. Cuando te acostumbras a estar sin humo, luego no quieres otra cosa. Quizá muchos no os acordéis, pero hasta hace bien poco ibas al médico de cabecera y te recibía fumando, en la sala de espera de los hospitales todo el mundo fumaba, el profesor fumaba en clase, se fumaba en el autobús, en el metro, en la Renfe, en los supermercados, en todos sitios. Apuesto a que a más de uno le extrañaría e incluso le indignaría si fuera hoy a la consulta del médico y se lo encontrara tras una neblina pestilente dando caladas a su cigarro.

Sí, sí, ya sé que los bares en España están llenos de fumadores respetuosos que si ven que no fumas, que te molesta el tabaco, o que vas con carritos con niños dejan de fumar ipso facto. Estamos hartos de escuchar a los que fuman decir que los no fumadores somos los intolerantes, que con esta ley queremos que les recorten sus derechos. Ese argumento deja mucho que desear porque hasta el 2 de enero de 2011 solo se han respetado los derechos y deseos de los fumadores. Como he comentado antes, hemos crecido con humo por todos lados y siempre nos ha tocado tragar a los de siempre. Si ibas en grupo de 15 personas y solo 2 fumaban, tocaba coger zona de fumadores y aguantarnos a todos. Si era en una terraza y te preguntaban "¿Os importa que fume?" y decías que sí que te importaba, ya te ponían mala cara. Es que somos tan intolerantes... Ellos solo ejercen su derecho a fumar, y tu ejerces el tuyo a joderte y callarte, ¿no? Pues no.

"Por fin se hace justicia", pensé cuando vi que la ley antitabaco parecía decidida a salir adelante. Como una ya tiene sus años, también pensé que a ver qué nivel de aceptación y cumplimiento iba a tener. Y no me equivoqué. Resulta que hay una serie de bares repartidos por toda España que se han declarado insumisos y que han colocado cartelitos por todo el bar donde se lee: "En este bar está permitido fumar". ¡Qué gracia! No sabía yo que los hosteleros podían legislar en este país. Entonces, si cada uno puede elegir qué leyes se cumplen en su bar o establecimiento o incluso en su casa, los demás podremos hacer lo mismo, ¿no? Porque si a ellos se les permite, a lo mejor llega otro y pone un cartel en su bar que diga que allí se puede matar gente, prostituirse, vender droga, violar niños o traficar con armas. Como la excusa es que si no, se hunde tu negocio pues tú pones las normas. Quién sabe, seguro que hay clientes potenciales entre los pederastas. Y ojito con que te multen por hacer lo que el cartel te permite hacer, que tú estás en tu derecho porque lo dice el dueño del bar y punto.

También tiene su gracia una señora que salió en el informativo indignada porque le habían sancionado por estar fumando en un bar de estos. Ella se escudaba en que, claro, estaba fumando porque allí había un cartel que decía que se podía. Habría que ver qué hace si lee un letrero donde diga "Obligatorio tirarse por un puente". O el caso del hostelero que llamó a los medios de comunicación para que le grabaran colgando su máquina expendedora de tabaco de unas cadenas con un cartel de "INRI". Curiosa transformación de "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos". Igual quería decir algo como "DEP" o "RIP", pero claro, ha gastado todo su tiempo y dinero en comprar tabaco y fumar, en vez de en libros.

Y para terminar de rematar, en Madrid como somos tan estupendos, primero vemos a Aguirre decir que ella no iba a hacer modificaciones a la ley y que la iba a acatar tal cual es, y luego nos enteramos que para toda la Comunidad de Madrid solo existen 17 inspectores que no solo velan por el cumplimiento de la ley sino que, además, tienen que atender otras obligaciones laborales. En comparación, en Cataluña tienen 800 inspectores. Como dato curioso también decir que a todos los hosteleros insumisos de España se les ha sancionado ya excepto al de Madrid. Pero bueno, a estas alturas no deberíamos sorprendernos. Sabemos como es esta presidenta, siempre sonriendo a la cara y apuñalando a la espalda.

La parte más triste de todas es que esta ley antitabaco ha conseguido lo que no se ha conseguido de ninguna otra manera: cabrear a la gente y levantar protestas e insumisiones. Inflaron una burbuja inmobiliaria haciendo que toda familia media se hipotecase a 40 años, nos subieron el IVA, nos alargan la edad de jubilación, hay casi 5 millones de parados, suben las facturas de servicios básicos (luz, gas...), suben los carburantes, congelan las pensiones, bajan los sueldos a los funcionarios, saltan escándalos de corrupción constantemente, pero aquí no decimos nada. Eso sí, nos prohiben fumar en los bares y la gente monta el pollo, se agrede al que se queja, los hosteleros rompen a mazazos las expendedoras de tabaco, se declaran insumisos, amenazan con huelgas de hambre, se niegan a pagar multas y un largo etcétera que seguro está por venir. Esto es un PAÍS DE PALETOS E INCIVILIZADOS TERCERMUNDISTAS. Ni hemos sido, ni somos, ni seremos Europa. Nunca. La solución en este país es tirar una bomba nuclear y empezar de cero, cual partida de Sim City.

Visto lo visto no se necesitan más pruebas de lo dañino que es el tabaco. Yo ya no quiero leyes antitabaco que prohiban fumar en lugares cerrados. Yo quiero que se prohiba la venta, tenencia y consumo de tabaco porque es una droga que daña a la sociedad tanto individual como conjuntamente. Y así ya no habrá más problemas de si uno deja fumar en su bar o no.