Welcome back!
Hace un par de semanas que terminé mi aventura inglesa y regresé a España. Antes de volver a Madrid, pasé unos días en Barcelona, visitando a un amigo.
Lo cierto es que fue una buena bofetada de "cultura" española según me bajé del avión y me subí al Cercanías. Unas horas antes de ese momento viajaba en un tren a London Victoria donde todos iban sentados, la gran mayoría en silencio y los que no, mantenían conversaciones por el móvil a un volumen casi imperceptible. Un cartel luminoso sugería que por favor, por respeto al resto de viajeros, se mantuviera la música del MP3 y las conversaciones a un volumen bajo. Era un viaje agradable donde no se oía ni una mosca y se podía descansar hasta llegar a destino.
Llegué a Barcelona y el Cercanías fue....cómo decirlo... un tanto distinto. Fue una gran bienvenida, como todo español que haya pasado una temporada fuera se merece para que nunca olvide esas peculiaridades de la vida en España y su gente. En una estación se subió un grupo de unos 7 u 8 chavales de unos 17 años, con el chunda-chunda (perdón, pero ya no sé cómo se llaman los distintos estilos musicales derivados del bakalao) a toda pastilla en el teléfono móvil. Todos gritaban en vez de hablar. Y algunos de ellos decidieron meterse entre dos vagones y ponerse a fumar, apestando así todo el vagón y pasándose por el forro la normativa. Claro que qué se puede esperar de un país tercermundista como éste. También se subió un grupo de 3 o 4 negros que no son precisamente conocidos por su bajo volumen de voz. De repente me di cuenta de todo aquello que no había echado de menos en absoluto mientras estuve viviendo en UK. Llamé a mi novio desde mi móvil mientras intentaba evitar que la yonki que iba sentada (y dormida) a mi lado apoyara su cabeza en mi hombro para poder roncar a pierna suelta. Mi novio descolgó el teléfono:
- ¿Dónde estás?
- En el Cercanías, camino de casa de Iván
- Joder, pues parece que estás en una discoteca o algo así, ¡qué jaleo tienes ahí montado!
Y me acordé de Maria, mi amiga danesa, y de todas las veces que la hablé de este tipo de cosas que suceden en España tan a menudo, llegando a verse como normales, y que ella no se creía. Tenía que haber estado allí conmigo para vivirlo. Y recordándola a ella, la vida en un país donde la palabras "respeto" y "educación" significan algo, los buenos momentos que pasé allí, la gente tan interesante y valiosa que conocí y que en la mayoría de los casos nunca más volveré a ver, me invadió una sensación de melancolía que me ha costado dos semanas superar.
La gente siempre me habló del periodo de adaptación a la vida inglesa cuando me marché allí. Todos me advirtieron que podía ser duro al principio. Curiosamente, nadie me dijo que la vuelta sería incluso peor. De hecho, aún estoy en periodo de adaptación a la vida española.
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msdalloway dijo
Bienvenida a casa, je, verás cuando cojas el coche..
23 Julio 2009 | 07:40 AM