Con los tiempos que corren seguro que hay más de un caso como este, pero eso no es óbice para que me siga pareciendo injusto. Y es que hace falta ser muy cabrón y tener muy poca vergüenza.

Hace unos días despidieron a una mujer de 56 años. Una mujer que llevaba trabajando para la misma empresa más de 16 años, cumpliendo con todos sus deberes. El supuesto motivo era una caída en los beneficios de la empresa, motivada por la crisis financiera. Mentira y gorda. Curiosamente, esta mujer se encargaba de la facturación y veía día a día que los beneficios no habían bajado (a empresas como estas no les afecta la crisis). Y así, con ese morro y esa poca vergüenza, un señor que cobra Dios sabe cuánto por echar una firma a un papel, deja en la puta calle a la que había sido su empleada durante tantos años. Y la deja con una hipoteca a medio pagar, con una edad fatal para buscar un nuevo empleo, sin apenas estudios, y dependiendo del irrisorio sueldo de su marido, que no llega a 1000 euros al mes. Para colmo, cobrando de paro una tercera parte del que solía ser su salario. Y todo para que el cabrón de su ex-jefe pueda seguir ganando millones de euros al año, como viene haciendo en los últimos tiempos. Pobrecito, cómo iba a pagar el Maserati si no. Mal cáncer le dé.

Por cierto, a esta señora yo acostumbro a llamarla "mamá". Así estamos, recordando con pavor el año 93 y esperando que no se repita. Hay que joderse, no nos dejan levantar cabeza...