Maldigo al responsable, al culpable de que para hacer funcionar en mi ordenador cualquier nuevo cacharro que compro haya que hacer mil chapuzas y la (en un principio fácil) tarea se convierta en toda una odisea informática (no espacial, aún).

Le maldigo con la peor, más duradera y dolorosa de las enfermedades acompañada de una muerte en consonancia.

Aclaración (que luego se dice que dijo que le contaron): no va por nadie que conozco personalmente.

Propuesta de marketing para la compañía que vende el artilugio: "Tendrás 5 discos duros (de 32 gigas, eso sí) al precio de uno".