Presentamos: 2 ejemplos de cómo lucir el poder
Hace unos días fui a un centro comercial a comprar un regalo. La primera en la frente: después de 3 semanas sin que nadie lo moviera, el coche estaba como estoy yo ultimamente: sin pilas. Unos 20 minutos después salíamos por fin rumbo a las compras. Mirándolo por el lado bueno, al menos he aprendido a colocar las pinzas en las baterías (minipunto para mi).
Viaje y compras fueron bien. Al salir del centro comercial y regresar al parking donde había dejado el coche veo que una parejita ha aparcado su coche al lado del mio y se disponen a salir de su vehículo. Ningún problema. Nos subimos mi acompañante y yo en mi coche y cerramos las puertas. A todo esto que el chulito del coche de al lado abre la puerta, del todo y a lo bestia, (para qué vamos a tener cuidado) y le propina una buena hostia a la puerta del copiloto de mi coche. Sabiendo que nos había visto, mi acompañante y yo nos quedamos mirando, esperando un gesto de disculpa o algo similar. Pero el tio se larga con su novia caminando y tan contento. Cojonudo.
Como no estábais allí, os pondré en situación: su coche; mi coche. El simple hecho de que no se parase a pensar a quién de los dos le iba a joder más que le rayaran o abollaran el coche viene a confirmar la teoría, tan extendida como cierta, de que todo aquel que compra un deportivo megacaro es porque adolece de otras facultades, tales como la inteligencia. Y la cara de amargada de la novia viene a confirmar la otra parte de la teoría de los conductores de estos coches: sus carencias en temas de alcoba.
Por lo visto, como llevo un coche de pobre que no vale un duro, pues no me merezco ni que traten bien a mi coche ni que me tengan respeto a mi. Cómo no habré caído en ello antes... Ah si, ¡porque es una idea estúpida y prepotente! Así que ahí estaba yo, esperando a que la parejita entrara al centro comercial para poder aplicar a gusto la Ley del Talión. Y de repente, pasa un tio al lado de mi coche con una pistola en la mano, sin cortarse un pelo. Surrealista. En un parking de un centro comercial enorme, a las 14h de un sábado, un tio con pinta de "ciudadano del este" saca una pistola y se pone a cambiar el cargador, a plena luz del día. Por otro lado, un gesto bastante ostentoso. Yo no sé si estaba más flipada que acojonada; solo sé que se me olvidó por completo mi pequeña venganza con el coche de al lado y decidí meter primera y largarme cuanto antes.
¿Será un indicio de lo que dentro de un par de años va a ser habitual ver?
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