La semana arranca con una idea que me surgió hace unos días. A partir de hoy y hasta el domingo (o eso espero) Semana Temática en el blog de la que suscribe. ¿De qué tema? Pues.... de un grupillo que me mola bastante: Mamá Ladilla .
Estos individuos hacen una música de mal gusto que solo puede gustarle a gente con igual o peor gusto que ellos. Exagerando un poco, claro. Lo cierto es que la música no está nada mal y las letras no os cuento. El otro día, escuchando un compendio de canciones de este grupillo, me fascinó descubrir que tienen una canción (a veces más de una) para casi todas las vivencias estándar de un ciudadano de a pie. Por eso, durante esta semana voy a ilustrar una anécdota importante de mi día con una canción de Mama Ladilla cada vez.
La de hoy va dedicada a cierta doctora que opina que la culpa siempre es de las enfermeras, esta vez, porque la pobre idiota de la pinchaculos no sabe hablar ucraniano, ruso o vete tú a saber qué idioma sería ese. ¡Mira que estudiar Enfermería y no saber hablar rumano!. De paso, y para que el marrón no recaiga solo en esa doctora, hacer mención al buen criterio y calidad profesional de la supervisora de Enfermería al no decir ni pio mientras la doctora gritaba y humillaba a la enfermera en cuestión delante de todos nosotros, de pacientes y familiares. Mal futuro para la Enfermería en este país si todavía quedan enfermeras que opinan que su trabajo es servir al médico y chuparles el culo todo el día, callando las injusticias.
SOBERBIA
Soberbia, que me pierdes,
que me vas a aniquilar,
echa el freno, Magdaleno,
que te vas a despeñar.
Soberbia, que convences
al pringao de que es un crack,
no invadas más Polonia
ni hostigues más a Irak.
No dirijas más mis pasos hacia el mismo tropezón,
que estoy harto de meterme cada vez el mismo hostión.
No conviertas más mi vida en una gran masturbación.
No permitas que me crea los cumplidos de un gorrón.
Soberbia, que mi cuello
sufrirá una luxación
si conviertes a mi ombligo
en el centro de atención.
Soberbia, te aseguro
que no tengo la intención
de seguir justificando
tu actitud de garrafón.
Por soberbia soy capaz de hacerme polvo la moral,
la soberbia patrocina y supervisa cualquier mal.
Susurrándome al oído su podrido festival
me convierte en una máquina de hacer el anormal.
Desatas los tentáculos del miedo original
que me suben al caballo de la ira visceral.
Puesto que esto me convierte en un cretino potencial
sustitúyote por un nuevo pecado capital: la gula.
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