Caminando hacia el Metro, pasé por delante de una papelería. Eran las 17:05h aproximadamente y había varias mujeres (madres, supongo) haciendo cola en la puerta cerrada y, probablemente, cagándose en la puta dependienta por no llegar a su hora o en ellas mismas por no haberse enterado antes de que abrían a y media. Haciendo cola para comprar los libros de la escuela de sus hijos.

Ahí estaba. Triste estampa. Imagen deprimente del futuro que espera a más de uno y más de una y al que yo no pienso llegar nunca.