Familiar de paciente, que viene con la prepotencia rebosando por los bolsillos y por las zapatillas horteras con banderita de España incluída. Como tampoco entienden de educación, me interrumpen en mitad de mi trabajo:
- Oye, ¿me puedes decir qué es esto? -me dice enseñándome un plato de la cena que, por la parte de abajo, tenía una manchita de comida reseca. A la par, me entran ganas de decirle que si quiere le puedo coger una muestra y mandarla a laboratorio a analizar, pero al final contesto:
- Pues para mi que es puré
- Ya, pero es que mi padre no tiene puré en el menú de hoy
- Bueno, pero eso será que habrán apoyado el plato en una zona que estaba sucia y se ha manchado un poco
- ¿Y no podéis tener más cuidado?
- Pues mire, las comidas no las preparamos nosotros. Vienen directamente de cocina. Nosotros ni abrimos las bandejas
- Bueno, pues se lo decís, y que nos traigan otro plato
- Mire, la mancha es pequeña y está por debajo del plato. La comida está intacta y se puede comer perfectamente
- Bueno, pues queremos otro plato y ya está
Y me tira el plato ahí, encima del carro de curas y se larga. Yo alucino. No hay más que oírles hablar alegando que no querían ese plato "por si el que prepara la comida tiene el SIDA y se lo pega" para confirmar lo que la banderita de las zapatillas me hacía sospechar desde un principio: que son imbéciles de remate.
Un paciente nos amenaza con denunciarnos (exclusivamente al personal de enfermería, claro está) porque todas las tardes a la hora de la siesta se oyen unos ruidos de golpes en el techo de su habitación y el pobrecito no puede dormir. Y por supuesto, las enfermeras tenemos la culpa de eso.
Por cierto, trabajo en el último piso del hospital.
Señora de turno que aparece por el control a media tarde:
- Perdonad, ¿le podéis sorber las flemas a mi marido?
Pues hombre, yo como mucho se las puedo aspirar. Si la señora espera que ponga mi boca en la traqueostomia de su marido y sorba las flemas, lo lleva claro. Vamos, es lo único que me faltaba ya.
Cada vez que veo un parto en el trabajo me doy más cuenta de lo bonitos que son mis gatos y lo feliz que me hacen. ¿Qué necesidad hay de pasar por esto?
Obsérvese el tijeretazo (episiotomía) que le pegan para agrandar el orificio. A mi es lo que mas grima me da cuando lo veo. No termino de acostumbrarme. Mirad, mirad qué monos son mis pequeños felinos xD.
¿Quién necesita niños teniendo estas preciosidades en casa?
Como siempre, Murphy ha vuelto a jugármela. Y bien jugada.
Ayer fui a ver un espectáculo en un teatro de Madrid (por cierto, estuvo genial). El espectáculo se llama "Slava's SnowShow"; un espectáculo que llevaba mucho tiempo queriendo ver. Compré las entradas hace tiempo y la mala suerte hizo que solo quedasen disponibles buenas butacas para un día en que yo tenía que trabajar. Tampoco cambié el día en el trabajo porque se suponía que, aunque justa, me iba a dar tiempo a llegar después de ver la función.
Y de hecho no hubiera llegado demasiado tarde si no hubiera estado medio Madrid cortado por "el coñazo del desfile" (Rajoy dixit) y el Festival VivAmerica. Finalmente llegué con media hora de retraso al trabajo. Estaba tranquila porque normalmente los fines de semana no hay UCI y al quirófano solo vienen partos, cesáreas o legrados, como mucho. Además, aparte de mi tenía que haber 3 compañeros que estarían ya alli, probablemente tocándose las narices porque, como ya digo, no suele haber mucho trabajo por las noches. "Total, por media hora... además, seguro que no hay parturientas y se están aburriendo como ostras", pensé.
Y nada más lejos de la verdad. Llegué y me cambié de ropa. Fui al cuarto de descanso y no había nadie. Vi la luz de un paritorio encendida y... ¡tachán! estaban en medio de una cesárea. Mi llegada fue acogida con miradas asesinas, resoplidos y el llanto del enano que asomaba la cabeza por el abdomen de su madre, porque a esto hay que sumarle que de las supuestas 3 personas que tenía que haber a uno le habían mandado a otra planta donde les faltaba un enfermero y otra se había puesto mala y no había venido a trabajar. Así que solo estaba una de mis compañeras allí, que no sabía si yo iba a aparecer en toda la noche o no. Aparte, una enfermera de la tarde se había quedado para no dejar a mi compañera sola en la cesárea (horas extras que no pagan, por supuesto). Al poco rato llamó por teléfono la supervisora de guardia para preguntar el motivo de mi retraso y me tocó dar las explicaciones oportunas y dramatizar un poco, pero la cosa no salió de ahí.
En fin, una sucesión de mala suerte encadenada como solo a mi me podía pasar. Y por supuesto, el resto de la noche no hicimos absolutamente nada. No vino nadie a paritorio así que a las 2 de la mañana estaba ya metida en la camita durmiendo.
Antes de eso fui al baño y al bajarme la ropa cayeron dos pequeños papeles blancos al suelo. Y de pronto volvió el buen sabor de boca que el espectáculo me había dejado.
Puesto que vuelvo a estar fija de noches en el trabajo, he de empezar a contemplar la idea de comprarme una linterna de bolsillo. Me explico:
Esto me ocurrió hace unos días, mientras trabajaba en una de las observaciones que hay en Urgencias. Por las noches apagamos las luces de esa sala para que los pacientes puedan dormir. En un momento dado me acerqué a la cama de un paciente para ponerle una medicación intravenosa. El paciente dormía como un tronco. Normalmente tanteo a ciegas y suelo conseguir mi objetivo pero esta vez la mala suerte quiso que la vía no le fuera demasiado bien, por lo que me vi obligada a manipularla un poco en busca de una solución. Total, que muy apañada yo en estos casos, y al carecer de linternita, me limito a sacar mi teléfono móvil del bolsillo y dar a algún botón para que la luz se quede unos segundos activada. Con eso me ayudo para iluminar la zona necesaria y así no tener que dar la luz del box, que más que ir a poner una medicación parece que vas a someter al paciente a un tercer grado. Así andaba yo alumbrándome con mi Nokia 5200 cuando sin darme cuenta pulsé uno de los botones laterales que basicamente sirve para reproducir la música que tengas guardada a modo de MP3 y sin necesidad de auriculares.
Eran las 4 de la mañana y 19 pacientes dormían plácidamente, en penumbra y en silencio, cuando empezó a sonar una canción de "Envidia Kotxina" (que no es precisamente música clásica) a toda pastilla. Os podéis imaginar mi cara. Para más inri, al principio me quedé sorprendida al no saber si eso que sonaba era una llamada (el móvil estaba en silencio) o el despertador (no estaba programado para esa hora). Finalmente me di cuenta de lo que era pero no acertaba al botón para apagar la música, por lo que estuvo sonando varios segundos. Aún no había conseguido apagarlo cuando vino mi compañero muerto de risa preguntándome qué narices hacía. En esos momentos yo solo pensaba en tirar el móvil al suelo y pisarlo con todas mis fuerzas para que se callara de una vez.
Supongo que alguien se despertó por mi culpa, pero fueron buenos conmigo y no dijeron nada. Y el paciente al que le di el concierto en primera fila ni se inmutó; siguió durmiendo como un tronco el resto de la noche.
Plagiando parcialmente a ese programa de televisión que contaba con una sección llamada "Curso de ética periodística", el de hoy es un post que va destinado a corregir y concienciar sobre ciertas malas costumbres a la hora de rellenar las historias clínicas. La historia clínica puede ser definida como un documento donde se recoge la información que procede de la práctica clínica relativa a un paciente y donde se resumen todos los procesos a que ha sido sometido. Es un documento que se maneja habitualmenteen los hospitales. Como buen profesional, las historias de tus pacientes las revisas a diario en busca de algún cambio o notificación que otro profesional haya podido realizar. Y, como es lógico, solamente se escriben datos relativos al proceso de su enfermedad y normalmente haciendo uso de un vocabulario bastante técnico.
Pues bien, ayer reviso la historia de un paciente para ver los comentarios de evolución y los cambios en el tratamiento y veo que el médico había escrito el día anterior lo siguiente:
"Está fenómeno. Afebril.
Tuvo 8 oficios. Buen contador de chistes (me cuenta uno bastante bueno) (...)"
Viva la seriedad y el saber distinguir entre lo relevante y lo que no lo es. Teniendo en cuenta que la historia clínica tiene carácter oficial y es el resguardo legal del profesional, no hace falta ser un máquina para saber que hay que andar con pies de plomo con respecto a lo que en ella se escribe. Vamos, que solo le faltó escribir el chiste para que todos pudiéramos leerlo y partirnos el culo de lo lindo con la historia en la mano.
Señora que aparece por las urgencias pediátricas con su hija de 10 años:
- Pues es que a la niña le ha salido un bulto en un pecho y la duele
Tras la exploración, el pediatra emite el más que evidente juicio clínico: Desarrollo mamario normal para su edad. La madre insistía en que a la niña le dolía. Pues bienvenida a la pubertad; ¿te duele el pecho? Cuando te venga tu primera regla vas a saber de verdad lo que es el dolor.
Cínica, borde, orgullosa, fría, sarcástica, quisquillosa, desagradable, arrogante y, por si fuera poco, con una gran inteligencia que nunca uso para hacer el bien. Esa soy yo.